lunes, 11 de octubre de 2010

La depresión del pistolero















Gilbert Arenas anda en horas bajas. Ya ha empezado la pretemporada en la Liga, pero él anda sumido en sus cavilaciones. En el primer partido con los Washington Wizards se ha presentado con barba de homeless y un buen repertorio de tiros errados. Ha lanzado a canasta con desgana, apenas ha defendido, ha vagabundeado de un aro a otro, deambulando sin sentido por la pista que antes fue su paraíso. Alguna canasta sí entraba, como una antigua costumbre. En sus manos crispadas aún retiene la nostalgia de la elipsis.

Arenas ha renunciado a la toga de senador supremo de su equipo. Aún no ha cumplido los treinta años y ya siente que la estrella es otro: John Wall, un recién llegado a la Liga que aún habrá de confirmar su mundo de fantasía y promesas. Arenas le ha cedido el peso de la toga y de las pistolas con que ametrallaba al equipo contrario.

Gilbert Arenas no es el mismo. No ha digerido la fama ni el dinero que le han llegado con los años. Tiene un bolo alimenticio de billetes verdes en la boca de la garganta que le angustia y no le deja respirar. Desde que el año pasado entró riendo en el vestuario del equipo con un par de pistolones, monstruosamente reales, ya no es el mismo. Luego llegaron las sanciones, la mala prensa, el atardecer precoz de quien pudo haber llegado a artillero mayor de la Liga. Ahora los fusiles se han vuelto contra él.

Arenas sabe que la recuperación empieza con un buen afeitado.  

viernes, 10 de septiembre de 2010

Ricky, Rudy, Pili y Mili

Ricky Rubio y Rudy Fernández, Ricardo y Rodolfo, como los conocen en su casa, son dos jóvenes y publicitarias estrellas del baloncesto español. Son espectaculares en el pase y en el mate, respectivamente. Son también parlanchines y fotogénicos. Quedan bien en la tele y en las fotos de las revistas. Ricky es un icono imberbe y adolescente; Rudy estrena peinado para el último campeonato mundial. Se presentan en la cancha de baloncesto chorreando expectativas de triunfo.

El campeonato se celebra en Turquía, antiguamente otomana y crecientemente islamista. A las animadoras ha habido que darles un toque de atención. Demasiado alegres para la mentalidad islámica. Que no levanten tanto las piernas durante el baile, por favor, que el escote lo suban un poco, hasta el cuello más o menos, así está bien, si salen con velo o con burka mejor que mejor. Puede ir ensayando la danza de los siete burkas... La televisión iraní comprará los derechos de retransmisión, etcétera.

Pues en ese escenario de modernidad han saltado a las canchas Ricky y Rudy. No hay mucho público en las gradas. ¿Nadie quiere verlos? Los turcos reservan sus monedas para el equipo nacional y para las exhibiciones USA. Ricky y Rudy empiezan sus torcidas evoluciones. Ricky no dirige al equipo, ni siquiera pasa el balón con brillo esporádico. Rudy no alcanza el aro; no introduce el balón con fuerza en la canasta, no llega en ninguno de sus lanzamientos triples. Ha fallado los cinco intentos. El equipo resbala por la cuesta abajo de la derrota. El rival serbio derrocha desenvoltura. Todos sus jugadores son capaces de anotar. Y el hijo de Teodosio, o sea, Teodosic, lidera al equipo con un lanzamiento desde los Balcanes, cuando apenas quedaba tiempo para la victoria.

El banquillo serbio se extasía en el éxito. Me encanta el olor de la victoria, dijo el general McArthur. En cambio, Ricky, Rudy y el resto del equipo español se retira desangelado. Los serbios les han bajado los humos. Cuerpo a tierra. Lloros y lamentos tardíos. Hubo demasiado protagonismo de los estetas.

lunes, 30 de agosto de 2010

El guerrero islandés



Louis Amundson anda errante y sin equipo durante estos días de agosto y calor atronador. El dios Odín no favorece al guerrero con aspecto islandés que vagabundea como un iceberg por los mares de la NBA, ofreciendo sus rebotes al equipo que le quiera contratar como mercenario. Amundson jugó la última temporada en los Phoenix Suns, junto a los cactus del desierto, en el calor mexicano de Arizona. Y el vikingo se adaptó bien al clima hostil. Cada partido, en los escasos minutos de juego y vida que le dejaba su entrenador, el guerrero nórdico arrambló con un buen saco de rebotes ofensivos para su equipo. Lo hizo bien, el muchacho, pero no recibió premio alguno en forma de un nuevo contrato para la seguir en las canchas de Phoenix durante la siguiente campaña bélica. Amundson se fue con su hatillo de rebotes al hombro, en busca de vientos propicios que impulsaran de nuevo su carrera.

El chico tiene sus limitaciones, hay que reconocerlo: dicen que no es demasiado alto y que no contribuye con puntos al ataque del equipo. Una nulidad anotadora, vamos. Y Phoenix Suns siempre ha sido un equipo de puntos infinitos, canastas de aquí a la eternidad. En cierto modo, Amundson era una rémora, un seguidista, como el pececillo aquel que sigue al tiburón en las cálidas aguas del Caribe. Amundson no es el guerrero total, el tiburón del Caribe, ni el líder de una partida de jugadores sedientos del oro del Rhin (de anillos de oro de campeón). Pero su hatillo de rebotes tiene una cotización en el mercado, sin duda, así como su valor, que merece una nueva oportunidad antes de abismarse en el Valhala.

sábado, 21 de agosto de 2010

Un batracio llamado Stephenson


Larry Bird cambió los anillos logrados con los Boston Celtics por las solitarias planicies de Indiana. Allí ocupa un puesto en los despachos burocratizados de los Pacers, equipo derrotista y derrotado durante las nueve décimas partes de su historia.

Resulta que los Pacers se han quedado con un par de los cientos de jugadores universitarios que surgen cada año para nutrir la liga profesional de baloncesto. Hasta aquí lo habitual: cada año, un par de piezas jóvenes para incrustar en la maquinaria baloncestística de Indiana. Resulta también que uno de los nuevos jugadores elegidos se llama Stephenson. Hasta aquí tampoco hay nada anormal. Uno puede llamarse Stephenson como puede llamarse Estébanez. Pero resulta también que Stephenson les ha salido rana a los Pacers. ¿Cuál ha sido la anormalidad del batracio?

No sabemos qué cara tiene el muchacho, tampoco sabemos si tiene mucha o poca envergadura, lo único que hemos leído de él es que tiene la mano muy larga. Esto viene bien para agarrar la pelota, por ejemplo, pero no es admisible emplear esa mano tan larga para sacudir a tu novia. Y ésta parece que es la afición oculta de Stephenson.

No es la primera vez que emplea su mano larga y aberrante. En el pasado, los padres de la novia, conocedores de los pésimos modos del muchacho, obviaron denunciarle, para no torcer su carrera prometedora, tal vez meteórica. Eso dicen. Puede que los padres tuvieran igualmente su razón oculta: no privar a la niña de una lluvia futura de dólares.

Larry Bird se plantea demandar a la agencia de detectives que contratató para averiguar la vida y costumbres del muchacho. A los investigadores privados se les pasó lo de la mano larga del batracio. Y, por supuesto, la siguiente decisión de Larry será despedir a la rana de manos largas y brutales, mandándola de nuevo al cenagal, el pozo ciego y anónimo de los jugadores fracasados de la historia.

sábado, 14 de agosto de 2010

Shaq en Boston


Shaquille O´Neil aterriza en la ciudad del río Charles. Es la última oportunidad para el gran oso negro de conseguir otro título de campeón de la NBA, el quinto. Toda la enorme mano derecha anillada es el último sueño antes de la invernación final del oso. El olvido mediático tendrá la oscuridad de la cueva y hay que aprovechar los minutos en pista (en blanco y verde) que le conceda el entrenador de los Celtics, el doctor Rivers.

O´Neil dice que aún le queda combustible en el depósito. Son 38 años de rodar como un tanque por las canchas alfombradas de todo el país, embistiendo como una bestia parda y negra, taladrando las defensas con su cuerpo denso, desgarrando fieramente los aros contrarios. Shaquille está lento (el oso negro es oso gris), pero en el centro de la zona es un imán de jugadores rivales, una presencia de 150 kilos, o kilates, un agujero negro que atrae la atención de las piececillas del equipo contrario, ensanchando el espacio a sus compañeros, dejándoles holgados y desenvueltos para ensayar su tiro afilado y mortal.

Los Celtics son un equipo veterano, pero aún conservan el espíritu pionero de los primeros peregrinos. Un equipo que es historia, pero que sigue escribiendo la historia. Shaquille O´Neil es su nuevo y escultórico cincel. El gordo y negro rotulador con el que escribir el título número dieciocho para la franquicia.

domingo, 25 de julio de 2010

Rolls Royce Rondo


Rajon Rondo es el duce de los Celtics, el base, el guía de los últimos años y de los siguientes, el conducator que apuntala el futuro del equipo. Es el jugador futurista sobre el que se asienta la arquitectura de Boston.

El jugador ronda el aro con olfato de pequeña pantera negra. En sus manos el balón se mueve a una velocidad que emula la del sonido o la de la luz, a saber. El balón pasa infinitamente bajo el arco de las piernas hasta que surge la sospecha de la idea. En su cerebro se concibe la jugada utópica, la penetración entre el mar de los sargazos que son los jugadores rivales. Los jugadores rivales son como monstruos marinos dispuestos a escorar la penetración a canasta. Pero Rondo se quiebra en el aire para destilar una asistencia, colada entre dos rivales monstruosos; o bien deja la bandeja en la bahía apacible del aro.

Estos días Rondo se está entrenando con el embrión de lo que en agosto será el equipo olímpico americano. Son días de vacaciones y Summer League. Días de calma. Pero también días de declaraciones periodísticas. A Rondo le han puesto un micrófono delante, y la pequeña pantera negra ha dicho que en Miami han construido un gran equipo sobre el papel..., pero habrá que ver cómo juegan juntos, esos rivales tan engreídos. Aún no han conseguido nada... O sea, que la pantera no teme al tigre de papel.

Yo creo que a más de uno se le han caído las rayas del pellejo.